CAPĂŤTULO 5. Con garras y dientes

Escrito el 22/08/2024
DAYLIS TORRES SILVA


Rodrigo

 

Tengo algo que amenaza con salirme del pecho, y no puede ser de otra manera que no sea en forma de gritos. Voy a mi suite, dos pisos más abajo, y tomo la escalera para llegar porque no tengo paciencia para esperar por un ascensor.

 No sĂ© quĂ© hora es, pero tengo esta rabia metida entre pecho y espalda, y no puedo creer lo que vi, lo que siento aquĂ­ dentro que está pasando…

 Ahora todo tiene sentido, y sentirme el juguete sexual de una mujer me ha resultado hasta gracioso en algunas ocasiones, pero todo cambia radicalmente cuando no fui ese juguete para diversiĂłn de los dos, sino que… ¡Es que no puedo ni pensarlo!

 Paso de largo por mi suite y voy a la de Val. Toco a la puerta, haciendo un escándalo hasta que me abre, medio dormido y maldiciendo a todos mis ancestros.

 â€”¡Hijo de tu santa madre, si no fuera por lo que me pagas te estarĂ­a sacando a patadas!

 Estoy a punto de reĂ­rme porque Valerio mide uno sesenta y es más ancho que alto, pero sĂ© que su cariño por mĂ­ no tiene nada que ver con el dinero.

 â€”Tiene una hija. —Es lo primero y lo Ăşnico que necesito decir.

 Val se aparta a un lado para dejarme pasar y camina detrás de mĂ­ hasta el salĂłn de la suite. Se sirve un trago fuerte para espantar el sueño y pone otro en mi mano, que hago desaparecer en un segundo.

 â€”ÂżEs tuya? —Es todo lo que pregunta.

 â€”Creo que sĂ­. Las fechas coinciden… no puede ser de nadie más. —He hecho en mi mente todos los cálculos posibles. ElĂ­zabeth jamás habĂ­a estado con nadie antes de mí… ÂżSerá que ya sabĂ­a que estaba embarazada cuando se fue? TenĂ­a que saberlo… Las mujeres saben esas cosas, Âżno?—. Además Val, tendrĂ­as que ver a esa niña… se parece mucho a mĂ­.

 Valerio se sienta y me ve dar vueltas por la habitaciĂłn como si estuviera poseĂ­do por el diablo. El mismo cabello oscuro, el color de la piel… jurarĂ­a que hasta su sonrisa es mĂ­a. Cierro los ojos y me llevo las manos a la cabeza. Esto parece un mal sueño. Esta no es la forma en que yo debĂ­a reencontrarme con Mel…

 â€”ÂżCrees que te ocultĂł deliberadamente que estaba embarazada?

 â€”No puede ser de otra manera… Un dĂ­a sencillamente hizo su maleta y se fue, tuvo que ser porque ya lo sabĂ­a, ya tenĂ­a lo que estaba buscando —murmuro con los dientes apretados porque jamás creĂ­ que fuera una mujer tan calculadora.

 â€”ÂżQuĂ© piensas hacer? —pregunta con suspicacia porque ya me conoce—. Sueles tomar muy malas decisiones con la cabeza caliente.

 â€”Tienes razĂłn —me detengo en medio del salĂłn y sonrĂ­o—, asĂ­ que vamos a llamar a alguien que tenga la cabeza frĂ­a entonces.

 Saco el celular de mi bolsillo y el primer nĂşmero en el marcado rápido me responde al instante; y esta vez la voz que escucho es de preocupaciĂłn. Diego sabe que jamás lo llamarĂ­a a esta hora si no fuera una emergencia.

 â€”ÂżEstás bien? —pregunta con la voz ronca por el sueño.

 â€”De salud, muy bien. De todo lo demás no puedo decir lo mismo.

 â€”ÂżEstás en una comisarĂ­a? —pregunta porque aparentemente esa es la Ăşnica excusa en su mente para esta llamada; despuĂ©s de todo es mi abogado. Él tampoco puede imaginar siquiera lo que estoy a punto de contarle.

 â€”No, no estoy preso… al menos todavĂ­a. Pero necesito que vengas a Marsella cuanto antes si no quieres que lo estĂ©.

 â€”ÂżQuĂ© pasĂł, Rodrigo?

 â€”Creo que tienes una sobrina.

 Escucho los ruidos, la rapidez, el golpe y luego la queja. Una mujer protesta a su lado y me imagino que la ha tirado de la cama por la impresiĂłn.

 â€”¡Santa mierda, Rodrigo! ÂżEs en serio? ÂżTienes una hija?

 â€”Eso parece hasta el momento —respondo—. Te necesito aquĂ­ para todo el procedimiento legal.

 â€”ÂżEs de Melanie? —pregunta con curiosidad y ahĂ­ va otro que conoce perfectamente mi obsesiĂłn con esa condenada mujer.

 â€”Para empezar no se llama Melanie, y para seguir creo que me ocultĂł a mi hija a propĂłsito, asĂ­ que más te vale llegar pronto antes de que yo haga una estupidez.

 â€”Entendido. Estoy saliendo ahora mismo.

 Cuelga sin decir otra palabra y recuerdo por quĂ© somos tan diferentes los dos. Yo literalmente vivo de la fantasĂ­a, y Ă©l de los hechos. Diego es el tipo más práctico y concreto que conozco, y doy gracias a Dios todos los dĂ­as porque sea mi hermano.

 â€”ÂżSabes que esto se va a convertir en un escándalo mayĂşsculo, verdad? —me advierte Val cuando me ve bajar el segundo vaso de lo que sea esto que me sirviĂł, ya ni paladar tengo del estrĂ©s.

 â€”Bueno, tĂş eres el que dice que hasta la mala publicidad es publicidad, Âżno?

 â€”No me refiero a eso, Rodrigo —me regaña como si yo careciera por completo de seriedad—. Si de verdad ElĂ­zabeth Craven tiene una hija tuya, vas a toparte contra el muro de las cuatrillizas, y esas mujeres tienen mucho poder detrás de ellas.

 â€”Lo sĂ© —respondo sentándome por primera vez en la noche—. SĂ© que tienen mucha influencia, no hubieran podido construir esto si no fuera asĂ­.

 â€”No, no me refiero a dinero o influencias. Las cuatrillizas tienen el respaldo absoluto e irrevocable de Ruben Easton. —Levanta las cejas con un gesto intenso y yo arrugo el ceño porque no sĂ© cĂłmo este hombre puede saber tantas cosas, pareciera que ser chismoso es parte de su profesiĂłn.

 â€”ÂżRuben Easton? ÂżEl magnate filántropo que invirtiĂł en este proyecto?

 La carcajada de Val resuena por las paredes como un eco.

 â€”¡Filántropo mis huevos! —espeta dejando de reĂ­r de golpe—. Easton es el mayor capo de la mafia de Europa, ahora eso sĂ­, es un mafioso con mucha clase y con una capacidad especial para que nadie lo moleste por sus actividades secundarias. Pero Rodrigo, ese no es un enemigo que te convenga.

 Entiendo perfectamente lo que me dice pero no puedo hacer nada. No tengo la resignaciĂłn que hace falta para perder a un hijo, y menos para perderlo a manos de una mujer que solo me usĂł.

 â€”No me importa, Val. AsĂ­ tenga que echarme de enemigo al Papa de Roma, voy a averiguar si esa niña es mi hija, y si lo es… Val, ÂżtĂş entiendes lo que eso significa? —No, no puede entenderlo porque Valerio Arca no tiene hijos—. Si esa bebĂ© es mi hija, voy a pelear por ella con garras y dientes.